SDRC tipo I
- Se desarrolla después de lesiones leves o cirugías menores sin daño neural
- Representa el 90 % de los casos
- Se conoce también como distrofia simpática refleja
SDRC tipo II
- Vinculado a lesiones nerviosas específicas
- Presenta síntomas similares a los del tipo I y también se conoce como causalgia
La causa exacta no está clara, pero implica un proceso de curación anormal.
Dolor intenso
Suele describirse como ardor o dolor, normalmente más intenso de lo que cabría esperar en relación con la lesión original.
Sensibilidad
Sensibilidad extrema al tacto, dolor incluso por contacto con la luz (alodinia).
Cambio de color y temperatura
Cambio en el color de la piel, por ejemplo, enrojecimiento o coloración azulada, y sensación de mayor calor o frío en comparación con la otra extremidad.
Hinchazón
La zona afectada puede hincharse debido a la acumulación de líquido.
Problemas de movimiento
Rigidez, debilidad y menor amplitud de movimiento en la extremidad.
Crecimiento anómalo de las uñas y del cabello
El cabello y las uñas en la extremidad afectada pueden crecer de forma diferente a los de la otra extremidad.
En algunos casos, el SDRC puede evolucionar y afectar de forma significativa a la capacidad para realizar actividades diarias, pudiendo derivar en situaciones de discapacidad o incluso en síndrome de dolor regional complejo incapacidad permanente si no se trata de forma temprana.
En general, el SDRC-I y el SDRC-II comparten numerosos síntomas, pero difieren en un aspecto fundamental: el SDRC-II implica una lesión confirmada del nervio, mientras que el CRPS-I no. Las personas con SDRC-I pueden experimentar un dolor que se extiende de manera más amplia, mientras que en el SDRC-II, el dolor y las alteraciones motoras suelen estar más centrados alrededor del nervio lesionado.
Inflamación excesiva y persistente después de una lesión, que provoca sensibilización nerviosa y aumento de la respuesta al dolor.
Los anticuerpos dirigidos a las células nerviosas pueden desempeñar un papel importante.
El estrés, la ansiedad y la depresión pueden amplificar la percepción del dolor y el resultado del dolor crónico.
Analgésicos: los medicamentos de venta libre pueden aliviar el dolor leve, y los médicos pueden recetar medicamentos más fuertes para el dolor más intenso.
Medicamentos para el dolor: algunos medicamentos diseñados originalmente para las convulsiones, como la gabapentina y la pregabalina, pueden ayudar a reducir el dolor causado por afectación de los nervios.
Antidepresivos: algunos antidepresivos pueden ayudar con el dolor crónico, incluso si la persona no está deprimida.
Corticoesteroides: estos pueden ayudar a reducir la hinchazón y la inflamación en la zona afectada.
Tratamientos tópicos: las cremas que adormecen la zona o contienen ingredientes naturales como la capsaicina (de pimientos chiles) pueden proporcionar alivio cuando se aplican a la piel.
Ejercicios de rehabilitación física: un programa estructurado de fisioterapia puede ayudar a mejorar la movilidad, la fuerza y la función en la extremidad afectada.
Habilidades de la vida diaria: la terapia ocupacional puede ayudar a las personas a gestionar las tareas cotidianas y adaptar su entorno para facilitarle la vida.
Asesoramiento para el abordaje del dolor: trabajar con un psicólogo del dolor puede ayudar a desarrollar estrategias de afrontamiento y a mejorar el bienestar general.
Terapia cognitivo-conductual (TCC): este tipo de terapia permite aprender estrategias para controlar el dolor y reducir el estrés.
Acupuntura: algunas personas encuentran alivio a través de la acupuntura, que implica la inserción de agujas finas en puntos específicos del cuerpo.
Terapia CON TENS: este método utiliza corrientes eléctricas de bajo voltaje para ayudar a reducir el dolor.
Técnicas de Consciencia plena: prácticas como la meditación y los ejercicios de relajación pueden ayudar a las personas a controlar mejor el dolor.
Bloqueos nerviosos: la inyección de anestésicos o corticoides alrededor de nervios específicos puede ayudar a aliviar el dolor y la inflamación.
Estimulación de la médula espinal: esta es una opción mínimamente invasiva para tratar el dolor crónico y consiste en implantar un pequeño dispositivo cerca de la médula espinal que envía impulsos eléctricos para interferir con las señales de dolor que viajan al cerebro.
Obtenga más información sobre la estimulación de la médula espinal
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